Una noche en las afueras del Hospital Alemán Nicaragüense

hospital aleman nicaraguense

Siempre he pensado que la gente que valora o critica la situación actual de los hospitales es por haber vivido alguna mala experiencia en algún centro de atención médica. Hoy puedo confirmar esos malos comentarios.

Acompañé a mi esposa al hospital Alemán en Carretera Norte, por un estado delicado de su abuela materna. A eso de las 1:00 pm de un martes fue ingresada y su “calvario” comenzó.

Por la noche, luego del trabajo de nuevo visité el Alemán, muchos en las afueras del parqueo esperaban  su turno para poder ingresar y ver a sus familiares internados.

Casi en el portón de ingreso, veo al guarda de seguridad que entrega papelitos, según él lleva un orden de los que entran y salen. Una señora a su lado le platica que su hija ya dio a luz y que espera ver a su cuarto nieto, solamente le acompaña una bolsa de plástico donde carga unas chinelas rojas y algunas toallas.

De repente se acerca un grupo de personas, más de seis, dos con guitarra y el resto con biblias en sus manos, intentan convencer al guarda que los deje ingresar pero desisten luego de unos diez minutos.

El par de guitarras empieza a sonar en el parqueo y el grupo comienza a cantar, muchas de las canciones son religiosas y de pronto siento que el viento se lleva la letra que quiere entrar por las ventanas de los cuartos donde descansan los pacientes.

“Muévete en mí, muévete en mí…”, dice la canción, y las lágrimas brincan en los cachetes de las señoras que aprietan sus pañuelos para secarse el rostro, otras suspiran como dándose cuenta que no queda más que ser fuertes.

El guarda le grita a una señora: “son las ocho madre, ya se acabaron las visitas”, ella le dice: “necesito ver a mi mamá”, pero el guarda se le acerca y le comenta: “no puedo hacer nada, me corren si la dejo entrar”.

Me quedo observando al guarda de seguridad quien mira el reloj cada dos minutos, lo único que me imagino es que espera su relevo y que no debe de tardar. Ya tengo que irme, y descansar para volver al día siguiente.

En mi segundo día de visita nocturna siento que el ambiente está tenso. El portón principal del hospital se abre rápidamente e ingresa la ambulancia, el paramédico baja rápido y pide ayuda para cargar la camilla, “rápido, rápido que se nos va”, dice.  Se trata de un señor de la tercera edad, parece una intoxicación, pierdo de vista su rastro cuando lo ingresan  al “área de choque”.

Esta noche es otro guarda de seguridad, de baja estatura y muy platicón. “La noche huele a puros macheteados, debe de ser porque pagaron”, se dice a sí mismo.

Hoy los cantos siguen y las luces de los pasillos parpadean mientras los doctores caminan muy rápido, casi corriendo, y ven las pantallas de sus celulares junto a los expedientes de las personas internadas.

Logro notar que hay muchos estudiantes de medicina que aprovechan algún momento de descanso para salir y acomodarse su gabacha blanca que combina con sus zapatos deportivos. Mi esposa me dice que las gabachas dicen UNAN Managua.

Hay gente que afirma que los cuartos donde tienen en observación a los pacientes son calientes y que tienen que pedir permiso a la administración del hospital para que les dejen ingresar artículos; tampoco las camas tienen almohadas, ni suficiente papel higiénico, no quiero ni pensar en las demás cosas.

camion de bomberos

Escucho a lo lejos el sonido de una sirena que se acerca muy rápido, bajan velozmente a un herido y las puertas del “Área de Choque” quedan entre abiertas, logro ver que acuestan a la persona que recién entra y como por arte de magia la puerta se cierra.

 El camión de bomberos que recién llegó se alista para volver a las calles, escucho que el conductor le dice a los demás que tiene un “C4”, la sirena se activa y el camión arranca, mi instinto de periodista me hace que siga al camión para conocer cuál es la siguiente parada.

Continuará….

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Autor: Luis Rivas

Twitter: @Lrivas

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